Cooperativas por un mundo en paz

Cooperativas por un mundo en paz

Emilio Sampedro Baixauli. Presidente de Concoval (Confederació de Cooperatives de la Comunitat Valenciana)

 

València (04/07/2026). Hablar de paz en estos tiempos no puede limitarse a pensar en la ausencia de guerra. La paz es la capacidad de una sociedad para convivir, para resolver sus diferencias, para generar oportunidades y para construir vínculos de confianza entre las personas. En un tiempo atravesado por conflictos, desigualdades, fracturas sociales y una creciente desconfianza hacia las instituciones, desde el cooperativismo apostamos por poner a las personas en el centro y ofrecer una respuesta profundamente transformadora, basada en la democracia y el bien común.

Cada primer sábado de julio, conmemoramos el Día Mundial del Cooperativismo y reivindicamos un modelo económico diferente, más comprometido con el territorio, en el que nos toleramos unos a otros, compartimos responsabilidades y organizamos la vida económica y social. Este año, la Alianza Cooperativa Internacional quiere poner en valor esta forma de ser y de construir economía, pero también sociedad, y por eso centra el foco en una idea tan necesaria como ambiciosa: la contribución de las cooperativas a un mundo en paz.

Puede parecer una aspiración enorme, casi inalcanzable, en un contexto internacional marcado por enfrentamientos, desplazamientos forzosos, polarización social y desconfianza hacia muchas instituciones. Pero precisamente por eso resulta imprescindible reivindicar todas aquellas formas de organización económica y social que, desde lo cotidiano, ayudan a fortalecer la cohesión, la justicia y la convivencia.

La paz no se construye solo en las grandes cumbres internacionales ni depende únicamente de los acuerdos entre gobiernos. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, concretamente el número 16, nos recuerdan que no puede haber futuro sin sociedades pacíficas, justas e inclusivas ni sin instituciones eficaces, responsables y cercanas a la ciudadanía. La paz se construye en los pueblos, en los barrios, en las empresas, en las aulas, en los campos, en los comercios y en las comunidades que deciden organizarse para dar respuesta a necesidades compartidas. Y ahí desde el cooperativismo tenemos mucho que aportar.

El principio democrático (una persona, un voto) sobre el que construimos nuestro modelo no es solo una fórmula jurídica. Es asumir que todas las voces cuentan, que las decisiones deben compartirse y que el éxito colectivo vale más cuando no deja a nadie fuera. En ellas se aprende a escuchar, a participar, a llegar a acuerdos, a gestionar discrepancias y a entender que el bienestar individual está unido al bienestar de la comunidad. Esa cultura de colaboración, aunque a veces parezca discreta, es profundamente transformadora.

Porque muchas de las causas que debilitan la paz tienen que ver con la exclusión, la falta de oportunidades, la precariedad, el abandono de los territorios o la pérdida de vínculos comunitarios. Allí donde desde el cooperativismo mantenemos empleo digno, sostenemos la actividad económica local, facilitamos el acceso a servicios esenciales o impulsamos proyectos colectivos, estamos contribuyendo a reducir fragilidades y a generar estabilidad social.

En muchos pueblos la cooperativa es el alma, el centro de la actividad económica, pero también de las relaciones sociales. Unas relaciones sociales que se refuerzan cuando una cooperativa de enseñanza educa en participación y responsabilidad. Las que se impulsan cuando una cooperativa de crédito financia proyectos vinculados a la economía real. Las que crecen cuando una cooperativa de consumo, de vivienda, de energía o de trabajo asociado ofrece respuestas cercanas a necesidades reales.

En la Comunitat Valenciana conocemos bien esta realidad. El cooperativismo valenciano forma parte de nuestra estructura económica y social. Está presente en sectores esenciales y en la vida diaria de miles de personas. Más de 2.500 cooperativas, más de 63.000 empleos directos y cerca de 10.000 millones de euros de facturación muestran su dimensión económica. Pero su verdadero valor va más allá de las cifras: está en su arraigo, en su compromiso con el territorio y en su capacidad para generar comunidad.

Por eso, para nosotros el Día Mundial del Cooperativismo debe ser algo más que una celebración interna. Debe ser una oportunidad para recordar que la forma en que producimos, consumimos, financiamos, educamos o cuidamos influye directamente en la calidad democrática de nuestras sociedades. En Concoval creemos que el cooperativismo valenciano tiene mucho que decir en este debate global. Desde la realidad de miles de personas que cada día demuestran que competir no tiene por qué significar excluir, que crecer no tiene por qué implicar dejar atrás, y que emprender también puede ser una forma de cuidar el entorno y fortalecer la convivencia.

Construir un mundo en paz exige instituciones fuertes, políticas públicas valientes y compromisos internacionales firmes. Pero también exige empresas con propósito, comunidades cohesionadas y personas dispuestas a asumir responsabilidades compartidas. Las cooperativas no tenemos todas las respuestas. Pero llevamos mucho tiempo practicando una de las más importantes: cooperar para vivir mejor.

 

Publicado en el Periódico Mediterráneo el 04/07/2026.